Animación en diferido en forma de simulcast: ‘Clean freak Aoyama-kun’ (Episodios 1 y 2)

Hoy tenemos doble ración de simulcasts, con los dos primeros episodios de Clean freak Aoyama-kun, un futbolista más limpio que una patena.

La serie está protagonizada por un chico llamado Aoyama que tiene fobia a la suciedad y, al mismo tiempo es jugador de fútbol. Y no uno cualquiera, ya que el primer capítulo arranca con un partido de la selección japonesa sub-16 donde nuestro protagonista hace gala de un juego bastante potente como centrocampista.

Puede parecer extraño que una persona con fobia a la suciedad pueda destacar en un deporte tan sucio (en los dos sentidos de la palabra) como es el fútbol, pero es precisamente ese sobreesfuerzo que debe hacer para no mancharse el que le hace, por ejemplo, driblar como nadie, incluso a sus compañeros cuando quieren celebrar un gol con él.

Aoyama no solo evita ensuciarse, sino que también limpia compulsivamente todo lo que tenga cerca como, por ejemplo, los balones después de cada entrenamiento (¡como Hanamichi cuando se quiere ganar a Gori en Slam Dunk!). Es por eso (y por su buen juego), que en su instituto le tienen tanta estima.

Todos excepto una persona, Kaoru Zaizen, que acaba de llegar al instituto y al club de fútbol y no acaba de entender como miman tanto a Aoyama y le permiten sus manías por más buen jugador que sea. Tampoco acaba de entender su estilo limpio de juego, que lo hace no cabecear pelotas ni recibir pases.

En eso que llega el equivalente nipón y sub-16 de Cristiano Ronaldo (no porque defraude a Hacienda o porque sea estúpido y creído, sino porque tiene una obsesión enfermiza con mostrar sus excesivamente esculpidos abdominales) y le exige que se una a su equipo y abandone el equipo de mierda del instituto Fujimi.

He aquí los compañeros de Aoyama en su ‘equipo de mierda’

Aoyama no lo quiere hacer porque tiene una razón para ir a ese instituto. ¿Que le queda cerca de casa, como a Rukawa en Slam Dunk? (¡¡¡Yo no tengo la culpa si el mejor spokon de la historia es Slam Dunk!!!) ¡No! Que tienen un váter con chorrito. Tal cual. Y, encima, nos tienen medio capítulo esperando para contárnoslo.

Este Cristiano de pacotilla, como no, prepara un partido entre ambos equipos que está más o menos igualado hasta que empieza a llover y el campo de tierra donde jugaban se convierte en un lodazal, momento en que Aoyama desaparece por completo.

Sin embargo, al faltar cinco minutos para el final, reaparece aprovechando que queda poco tiempo para acabar y, por tanto, para ducharse y, con su técnica, resuelve el partido en favor de los suyos, ganándose el respeto (aunque aún no la comprensión) de Zaizen.

El abanico de papel de Ayako hacía menos daño…

La primera parte del segundo capítulo está centrada en una figura femenina, la de Moka, una muchacha que está enamorada de Aoyama desde la primaria, pero con quien solo ha hablado una vez. Y, una vez en el instituto, ¿qué hace para llamar su atención? ¿Quizá hablar con él? ¿Decirle a alguien que los presente? No, colarse a escondidas en el vestuario del club y dejarlo todo limpio como una patena.

Los brillantes compañeros de Aoyama piensan que ha sido él, hasta que caen en que es absolutamente imposible porque Aoyama estaba entrenando con ellos. Después de varios días, se descubre la verdad y Moka es ascendida a mánager del equipo, el típico lugar donde colocar a la novia del protagonista (como Patty en Oliver y Benji o Ayako, el interés amoroso de Ryota Miyagi en, sí, Slam Dunk).

En la segunda parte del episodio, con Moka ya ocupando su cargo, las múltiples toallas que usa Aoyama se hacen Trending Topic por su aroma, con escenas de los compañeros oliéndolas extasiados que recuerdan a los tarados que van oliendo braguitas usadas.

La serie se balancea continuamente entre la comedia al estilo Soy Sakamoto, ¿por? y el spokon más puro (¡¡como Slam Dunk!!), con un uso intensivo del súper deformed (como en Sla*recibe un golpe en la cabeza con el bate de Moka* Vale, ya me ha quedado claro).

Como en Sakamoto, la comedia deriva principalmente de las peculiaridades del protagonista. Y, también como en Sakamoto pero en mayor medida, los secundarios la enriquecen con sus características particulares, porque en ese equipo no hay ni uno que no esté medio tarado.

De momento la cosa no va mal, no como para ser la serie revelación de la temporada, pero si para hacernos pasar una bueno rato. Veremos como avanza la cosa en los próximos episodios.

Par acabar, no me puedo resistir a hablar un poco del ending, Taiyô ga kureta kisetsu. Tanto la música como las imágenes son puro spokon de los setenta, con esa mezcla de epicidad musical impostada y diseños viejunos y (todo sea dicho) feos, que remiten a clásicos del género como Arrivano i superboys (Akakichi no eleven, el primer anime de fútbol de la historia) y un charlismo musical que recuerda a Captain Tsubasa: Oliver y Benji. Old school! Yes!

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